domingo, 15 de marzo de 2015

Sur mon âme


Sur mon âme
Il pleut sur mon âme
Comme il pleut sur la ville (Verlaine)

Lorsque je ressasse les jours d'averses
Toutes ces épines qui me percent
À travers la fenêtre grillagée
D'un lointain pays par trop étranger

Je fais le tour de ma tour
Où la sorcière tient sa court
Que de rêves craquelés,
Combien d'espoirs endeuillés!

Le gris règne sur mon âme attristée...

Puis je me remémore les jours de soleil :
Ton regard rieur à la mer pareil,
Notre bel amour dans la tour de Babel né,
Ces démons que tu as voulu tuer,

Envoûtés dans le bois des fées,
Ce cœur que tu as ranimé
Contre ce froid trop permanent
Qui vivotait au mauvais temps.

L'azur règne sur mon âme revigorée...

À présent, les jours de lumière,
Je me souviens des cris et des pleurs
Surtout de ces deux âmes sœurs,
Des nombreux démons et sorcières…

Enfin affrontés sur le chemin
De notre beau futur incertain,
De notre passé si aigre-doux,
Et surtout de nos vains remous

Le présent est entre nos mains
N'ayant pas tant souffert en vain
J'en garderai toujours l'espoir
Depuis cette tour d'ivoire.

La lumière transmue la réalité,
L'or règne sur mon âme apaisée.

lunes, 19 de enero de 2015

De lenguas y otras barbaridades.

Varias polémicas sobre la comprensión de los idiomas me han inspirado reflexiones que quería compartir.
Como profesora de idiomas, es una rama que, obviamente, me llama mucho la atención.
No entraré en detalles para insistir en el hecho de que oído musical y lingüístico son hermanos muy próximos, lo cual no significa que los músicos sean necesariamente buenos en idiomas ni que los poliglotas sean buenos músicos.
Siempre me pregunto porque, cuando sabemos que el mayor porcentaje de la comunicación es gestual y no verbal, tan poca gente logra entender otro idioma.
Para empezar, creo que nuestro oído no está acostumbrado a oír a los demás (no digo ni escuchar). Nuestra sociedad nos orienta, desgraciadamente, hacia un entendimiento muy diferente...
No hace falta precisar que hay gente más dotada por las lenguas y otra por la matemática. No se trata de juzgar ni a una ni a otra (tampoco de investigar el por qué de este fenómeno) si no de intentar establecer las bases de un mejor aprendizaje. Os confieso mi nulidad congénita en matemáticas (cosa que, en su tiempo, ha mortificado a mi familia), lo cual no me impide sumar, restar y demás, aunque básicamente. ¡Qué remedio!
De hecho,, un factor determinante en el aprendizaje de los idiomas es el factor vergüenza: ¿por qué no nos gusta aprender nuevas lenguas? Porque, según nuestros parámetros, nos hace volver niños estúpidos que balbucean haciendo el ridículo, equivocándose frente al grupo “que sabe”. Todos queremos dar la impresión que controlamos  y que lo sabemos todo. Hablar otro idioma es admitir que no lo sabemos todo, que no controlamos nada (o poco) y que estamos intentando producir un sonido que nuestra boca no reconoce. Nos “barbarizamos”, según los griegos que tachaban de bárbaros (extranjeros) todos los que no hablaban griego. El día que nos demos cuenta de que todo eso no tiene importancia alguna y dejemos reír los necios, aprenderemos algo de idioma... Os lo dice vuestra servidora, que se enfrenta a este fenómeno cada día, abriendo la boca de manera poco agraciada para intentar producir alguno que otro sonido que no sean franceses.
A mi entender, otro argumento fundamental es el hecho de que casi todos pensamos que nuestro idioma, por ser el primero aprendido, es el único que vale la pena aprender ( ¡a veces, ni siquiera!) porque le vemos como “superior”. Allí interviene el papel de la ideología y de la política mezclados con la ignorancia lingüística: cuantas veces no he oído en mi país que cierta lengua es bonita y otra no; cuantas veces he visto a otra gente vecina defender su idioma por desarrollar más el cerebro por  su gramática complicada o “lógica”(¿acaso existe gramática fácil? ¿Desde cuándo un idioma ha de ser “lógico”, estamos en la clase de mates o qué?); o cuantas veces vosotros habéis oído que no hacía ninguna falta aprender más idiomas ya que ya habláis un idioma muy expandido; o mejor, ¿cuántas veces habéis oído que hablar castellano debería estar prohibido por estar en Cataluña y, al revés, ¿para qué molestarse en aprender catalán? Ya que estamos en España... ¿Sigo?
No hace falta que precise esos ejemplos de estupideces e ignorancia. Sólo diré una cosa: no existe ningún idioma superior a otro y si, alguna vez, alguien tiene la cara de pretenderlo, acordaos cual es la ideología que esa persona intenta defender y veréis su mala fe...
O sea que: otro factor importante es la humildad. Existen otras maneras de expresarse, la gente estructura el mundo de una forma distinta y aceptarlo es un paso sine qua non.
Lo que nos enseñan esos idiomas es más que gramática, lingüística o comunicación: es que el mundo es complicado y que ponernos al nivel de los bárbaros para intentar entenderlo mejor (el mundo) no es ninguna vergüenza. Es más, es casi una hazaña, es como llegar a decir: “con mi idioma nativo, he aprendido UNA manera de ver el mundo. Sin embargo aprendiendo otro idioma (SEA CUAL SEA, os veo venir...), aprendo más maneras de acercarme a la “realidad”, ajusto mis esquemas mentales a los de otros y a ver si me vuelvo más “flexible”.
Puede sonar muy filosófico, idealista o rebuscado, (¡ojalá los que aprendemos idiomas seamos mejores personas!). No digo que siempre pensamos eso durante el estudio de una lengua. Sin embargo, es como un paso previo imprescindible, aunque muchas veces inconsciente, que damos.
Por fin, sólo quiero decir que el aprendizaje lingüístico nos permite volver a mirar el mundo como niños vírgenes de experiencias. No perdamos, por favor, eso de vista porque es una gran prueba de humildad, virtud que, como bien sabemos, escasea.

martes, 6 de enero de 2015

Entre fiestas y aguafiestas.

En este preciso instante, medito como cada año sobre la época festiva que nos llega, es decir, sus majestades los Reyes Magos, que fueron precedidos por el Caga Tió o Papa Noel.
Muchos viven este periodo del año con ilusión y otros consideran que la mentira que hacemos tragar a nuestros vástagos se vuelve más gorda cada año.
Ante tanto despliegue de lo comercial, no dejo de preguntarme quienes se benefician realmente de la festividad de los Reyes (a parte, desde luego, de los comercios).
Los padres hacemos regalos en estas fechas tan concurridas, cierto, aunque me temo que los que realmente regalan ilusión no son ni los Reyes ni los padres, sino los niños mismos.
Creo, efectivamente, que todas estas estratagemas para mantener la inocencia de los hijos, y que se traguen la mentira del siglo con la supuesta intención de que sean felices, tiene un único fin: hacer felices a sus padres, que sigan pensando que sus pequeños son inocentes y crédulos. Como si sus caras maravilladas (y engañadas) nos tranquilizaran. ¿Será que queríamos nosotros también seguir creyendo que un anciano con barba nos recompensará por ser buenas personas?
Algunos adultos hasta dicen que ya no disfrutan de los regalos una vez sus hijos/sobrinos/nietos saben el secreto. Ello, de hecho, dice más del adulto que del pequeño.
Los padres queremos que los vástagos sean inocentes y, si no, que hagan como si lo fuesen. Como consecuencia,  mucho niños optan por dejar creer a sus padres que todavía no conocen el secreto para no desencantarles. No quiero ser aguafiestas pero me parece un lío.
O sea que los adultos creamos unas figuras mágicas para complacer a nuestros hijos, a sabiendas que tendremos un día que desmentirlas (hecho que nos causa ansiedad) pero esa mentira se vuelve contra nosotros, ya que nos obliga a mentirles más y más y obliga, sobre todo a nuestros incocentes vástagos, a mentirnos a nosotros también para no decepcionarnos, por lo tanto, a perder la inocencia por aparentarla.
O sea que sí: soy una aguafiestas.
Siento opinar que la inocencia de un niño no se mide según la cantidad de mentirijillas piadosas que le podamos contar. Creo más bien que la inocencia se pierde cuando uno se da cuenta de que no puede confiar del todo en padres que creen que un niño necesita una mentira para ser feliz.
Me explico... o me vais a linchar: Estas tradiciones me parecen muy bonitas. Es más, que un niño crea en la mágia, sea la de Navidad o cualquier otra, me parece fantástico. El poder de la imaginación es la mejor herramienta para entender una realidad, a veces cruel o brutal, y por eso es también importante dejar que sueñen o lean, que cuenten cuentos y demás.
Lo que quiero decir es que no creo que haya que recurrir a estratagemas para disfrutar de estas historias. Una leyenda es una leyenda y se puede entender como tal. Luego, el niño mismo tiene la posibilidad de soñar y trasformarla a su antojo, de crearse un mundo maravilloso, como cuando lee Caperucita Roja: sabe que un lobo no habla, por lo que no hace falta escondérselo a base de secretismo. El niño asimila el cuento a su nivel y lo disfruta.
Siendo madre de un niño de 10 años os puedo garantizar que nunca hemos fomentado ninguna mentira respecto a la Navidad y que, con 4 años, él mismo preguntó de dónde venía el papa Noel y le dije la verdad, pidiéndole, por favor, que no lo comentara con los que seguían creyendo. Eso no ha cambiado nada en cuanto a la inocencia de mi hijo ni al poder inmenso de su imaginación: es un chico que crea y cree, se ilusiona, disfruta y sigue poniendo comida a los renos de papa Noel, y canta y se ríe como cualquier hijo de vecino, pero su mamá no tiene que sufrir por los cuentos chinos que le debiera contar para que siguiera ignorando el secreto (ya os decía yo que, a final de cuentas, se trataba de complacernos a nosotros mismos como padres).
Paradójicamente veo a mamás que no saben cómo salirse de las mentiras que han estado contando durante años, cuando, por fin, se les hace la gran pregunta sobre si existen los Reyes Magos. Las veo perdidas, enfadadas y decepcionadas. Será que ellas se lo habían creído ¿o qué?
Broma aparte, cuando vuestro hijo (según su ritmo) os pregunte si DE VERDAD existen los Reyes, tendríais que estar agradecidos de que él o ella haya adquirido cierto espíritu crítico y una consciencia más clara de la abstracción para poder realmente meditar sobre este tema. Mientras no lo haga, podríais estar agradecidos de tener hijos con un imaginario potente.
O sea que agradecidos, siempre... y no perdidos en mentiras: no hace falta.
Para mi, lo importante es poder seguir creyendo en la belleza de la vida, en la bondad de los desconocidos; y disfrutar de las leyendas antiguas e intentar regalar todo el afecto que podamos. Mi hijo nos regala también cosas para Navidad: manualidades, dibujos y cosas creativas que le salen del corazón. Sabe tambien que sus padres tuvieron que esforzarse mucho para que recibiera regalos y lo agradece más, creo, que si viniesen de un trio de tíos barbudos anticuados y forrados de dinero. Sabe también que debe respetar la creencia del niño catalán - que espera al Caga Tió - y del belga que piensa en su saint Nicolás. Sobre todo espero que sepa que la vida misma es mágica y brillante, que hay que disfrutarla al máximo buscando, si es posible, el tesoro de la bondad.

Isabelle Toussaint
Ilustración: Léon Martí Toussaint





martes, 18 de noviembre de 2014

A mi, como si me hablaras en chino



Tras diecisiete años enseñando lenguas extranjeras tanto a niños como a adultos y adolescentes, me voy haciendo unas reflexiones que quisiera compartir con vosotros.
Me llama mucho la atención el hecho de que haya tantas academias de idiomas como bancos, además del despliegue de inglés en la enseñanza obligatoria y eso ya a partir de los tres o cuatro años.
Celebro el interés por las lenguas, más específicamente por el inglés en este país, después de décadas fomentando únicamente el castellano, como si un solo idioma fuera suficiente y deseable.
No os venderé aquí la moto de "¡Aprended idiomas!" y todas sus ventajas, eso será para otro artículo.
Hoy me dedicaré más bien a poner en tela de juicio el negocio que se ha creado alrededor de este fenómeno y dar mi modesta y, sin embargo, profesional opinión.
Hace ya unos años que el gobierno de la Generalitat ha decidido dar más protagonismo a la enseñanza de inglés, de aquí la multitud de academias de idiomas que han florecido, prometiendo todas El Método para conseguir esta meta: chapurrear el inglés. Genial...
Mi pregunta: ¿Esto funciona? Respuesta... No mucho.
Primero tengo que decir que sí funciona en cuanto a ayudar a los alumnos a pasar un examen, cosa que es útil, no lo niego.
Después os diré que puede funcionar para los de siempre: la gente que quiere estudiar, aprender y esforzarse.
Pero ¿promueve realmente el bilingüismo (meta muy idealista)? o, como mínimo, ¿fomenta una práctica fluida del inglés oral a todos los niveles de la sociedad? Para nada. Y lo siento en el alma, pero yo también he trabajado en academias y escuelas - que no se diga. Pero hablen un inglés normal con un estudiante de estas academias y os dirá "A mí, como si me hablaras en chino".
Me diréis que los profesores de la enseñanza obligatoria, al no ser nativos, no valen. Podría daros un montón de argumentos (eso para otro artículo, también) para demostrar lo contrario, que el nativo no significa necesariamente una ventaja y el no nativo un desastre.
Los hay que nos hacen creer que una estancia de unos meses en el país extranjero nos hará hablar perfectamente el idioma en cuestión. Tal vez... Sin embargo, conozco a gente que lo hizo y que siguen sin aprender, que conste.
Son muchos los factores y todos nos tenemos que reinventar y evaluar para mejorar, pero una cosa está clara: jamás vais a aprender una lengua sin voluntad.
No obstante, lo que yo aconsejaría a cualquiera que me preguntara lo que podría hacer para que sus hijos se abrieran a las lenguas sería: crear un puente en casa.
Otra vez estamos en las misma, pensaréis. Esta mujer nos está diciendo que sólo un políglota o un profesor de lengua puede ayudar a su hija a abrirse a las lenguas.
Pues, no señor... Ni falta que hace.
Me explico: Un niño, hasta aproximadamente los cinco o seis años no tiene un bloqueo total a otras lenguas. Les solemos llamar esponjas (que tampoco) pero, efectivamente, no suelen rechazar otra manera de hablar y se adaptan a ella con más o menos facilidad.  Dicho eso, no os estoy aconsejando de poner a vuestro tesoro en una de las guarderías en inglés para bebés de cuatro meses ni tampoco de hablarle en inglés si no sois nativos. Estoy simplemente diciendo que si en casa se ha abierto el camino a la otra lengua, sea cual sea, el niño la identificará como familiar y la aceptará mejor (no como si fuera chino, ya entendéis). Una buena manera sería ponerles la tele en inglés (o en la lengua que sea).
Seguro que varias veces habéis oído esta afirmación sobre los portugueses, que tienen un buen inglés porque oyen las pelis en versión original. Pues por allí voy. Cualquiera que posea un PC o un lector DVD lo puede hacer, tampoco es tan complicado.
Mi hijo mayor empezó a escuchar la tele en casa desde bebé y eso en 5 lenguas distintas (catalán, castellano, francés, inglés y holandés). Creciendo, alrededor de los cinco o seis años, manifestó su preferencia por algunas (las tres primeras, habladas en casa)  pero se le podía poner programas en alemán y, además, él mismo sentía curiosidad por escuchar La Bella Durmiente en euskera y árabe, tachando las lenguas románicas de demasiado fáciles.
Eso no hace de él un políglota del todo, es "solo" trilingüe pero tiene un oído estupendo, curiosidad por los otros idiomas y no se bloquea con facilidad. Es más, cuando juega con niños ingleses, habla inglés con ellos.
Preciso que no es el mejor de la clase en inglés, que no es ningún genio y que no va a ninguna academia de lenguas.
A eso me refiero cuando hablo de un puente: que la familia, a su manera, respalde la lengua que se deba aprender, escuchándola, sin menospreciarla, nunca.
Digo sin menosprecio, porque, implícitamente (o no tanto) hay lenguas que no aprobamos por razones políticas o ideológicas. Es fundamental, en mi opinión, no decir a sus vástagos "Esa lengua que aprendes es inútil" por que es la mejor manera de que el aprendizaje lingüístico resulte un desastre.
Dejarles oír varias lenguas desde el principio les abre ventanas hacia el mundo sin esfuerzo y, además, es gratis (o casi). Una mentalidad abierta es la mejor herramienta que podemos trasmitirles ¡para que le chino no suene tanto a chino!

sábado, 25 de octubre de 2014

La Escuela Saavedra

Havent llegit l'article "La escuela Saavedra se resiste a morir", el passat diumenge 29 de setembre, em permeto comentar-ne alguns punts.D'entrada, trobo molt a faltar una descripció més actual de l'escola, per comptes d'un recordatori dels problemes del passat, que donen una impressió esbiaixada i falsa.
Fa sis anys que el meu fill estudia en aquesta escola i, com tantes mares i pares, puc testificar de la salubritat del centre, així com del ferm compromis educatiu del personal docent que hi treballa.
Més enllà d'aixó, l'article menciona que el Saavedra "se salva gracias a lainmigración ", com si la immigració fos una desgràcia que li ha caigut a una escola que s'enfonsa.
Doncs no senyor, no és cap desgràcia, ni molt menys!
Primer, perquè els alumnes "immigrants", a pesar que els seus pares no parlen català a casa, arriben a dominar els mateixos continguts que els alumnes d'altres escoles, a les quals no s'hi volen inscriure perquè els rebutjarien.
Segon, el més important: una escola que acull gent de diverses nacionalitats, religions, llengües, nivells socials i culturals és un centre que, en la meva opinió, prepara als alumnes per a la vida real, per comptes de tancar-los en la hipòcrita i insegura torre d'ivori dels privilegis. Tal com em va dir un dia una mare: "D'integració real i de com tractar la diferència, el Saavedra en sap molt més que altres escoles, ho practica des de fa tant de temps!".
El meu espós i jo vam escollir aquest centre perquè, justament, ens agradava la barreja de famílies que, amb o sense diners, diplomes o feina, sabien que els professors tractarien els nens amb igualtat, el valor més important que penso que s'hauria d'inculcar. Al Saavedra es treballa aquest tema cada dia sense doble moral, visquent la diferència des de dintre i no parlant de boniques teories amb paraules florides, politicament correctes.
Al Saavedra el meu fill (mig català, mig belga) veu que de fet es respecta tothom. Pregunta sobre l'arepa veneçolana, l'ús del fular que porten les dones musulmanes, el costum de menjar porc o no, la pronunciació argentina del castellà i moltes més coses que obren el seu horitzó.
Ell i els seus companys s'enriqueixen de la varietat sense oblidar-se de la cultura catalana. Creixen "amb arrels i ales".
O sigui que sí, el Saavedra és més viu que mai perquè mira endavant i no endarrera i és un exemple d'integració i de respecte quotidià, real i modèlic.



domingo, 29 de junio de 2014

De González a Estivill: ¿Más respuestas que preguntas?





Habiendo leído los libros de Carlos González: Bésame mucho, Mi niño no me come y Un regalo para toda la vida; y el de Eduard Estivill: La Guía para enseñar a los niños a dormir, me permito compararlos y compartir la reflexión con ustedes.

La prensa suele presentar estas obras como opuestas y opino que sí que lo son, pero vale la pena que las leáis, para que no penséis que nos encontramos ante una banal  oposición entre un pediatra permisivo versus uno tradicional.

Me gustaría hablar sobre las diferencias entre ambos autores.

Efectivamente, sus ideas de cómo tratar a los niños son totalmente distintas; en cada uno de ellos encontraréis pautas, eficientes o no (de momento no emitiré ninguna opinión), que os ayudarán en la educación de vuestros vástagos. Entre los lectores, habrá quien se sienta más cómodo dirigiendo mucho a su hijos porque pensará que es lo mejor para ellos y para la sociedad en general; otros lectores preferirán respetar el ritmo del bebé, con el mismo propósito.

No se trata de dudar de la buena o mala fe de nadie en este punto, creo que siempre intentamos hacer lo mejor, aunque sea una tarea ardua o, tal vez, injusta.

A mí, personalmente, madre de dos varones, no me gusta demasiado seguir "modas" en cuanto a la crianza de mis hijos porque me parecen perniciosas y muy cambiantes. Lo que se decía hace 30 años ya se considera que está mal hecho, por antiguo o pasado de moda (aunque funcione, quizá), y no creo que lo nuevo sea necesariamente bueno (ni malo tampoco, por cierto). Intento, pues, pensar un poco, más allá de las teorías porque, al final de cuentas, soy yo la principal responsable del bienestar de mis hijos. Eso no me impide que pida consejo a otras personas ni que lea o que escriba sobre estos temas. De ello surge el siguiente comentario.

Creo que hay algo profundo y fundamental que separa a estos dos autores; algo más que sus ideas sobre la educación y la crianza: el modo como plantean sus argumentos.

Allí donde Estivill dictamina y aporta respuestas claras, que no admiten discusiones,  González me obliga a pensar, a meterme en la piel de mi bebé. Los conocimientos del Sr. González, que son extensos,  jamás sirven para deslumbrar y el propósito final es provocar la reflexión, aportando más preguntas que respuestas. En cuanto al Dr Estivill, sus conocimientos sirven para desresponsabilizarme como madre y, sobre todo, me impiden pensar, pues me da la comida triturada, me explica que su manera es la única que funciona con dibujos y marcos bonitos, como si fuera yo subnormal. En todo momento me coge de la mano para que no pueda caminar sola ni comer algo más sólido, ya que él es el pater familias que lo sabe todo. Sea cual sea su idea, me la impone de tal modo que me infantiliza frente a su "sabiduría".

Allí donde veo un camino de autonomía con González, un camino donde tengo que ir sola como madre, a trompicones pero reflexionando y observando, me quedo con impotencia frente a Estivill porque me dice que no puedo andar sola, que necesito a un tutor (a él, por supuesto).

Entiendo, no obstante, que muchos necesiten de las respuestas del Dr. Estivill y no de las preguntas del Sr. González. Lo entiendo pero lo lamento. Lamento que nuestra sociedad se haya alejado tanto del continuum de nuestra especie que tengamos que seguir al pie de la letra teorías que si, por un lado, nos ayudan a dormir (y a los niños, tal vez) desgraciadamente eviten preguntas y cuestiones sanas y constructivas.
Creo que los padres debemos pensar por nosotros mismos y, por eso, las ideas del Dr González me parecen necesarias y constructivas, mientras que el Dr Estivill nos deja en lo de siempre, en una sociedad de asistidos que necesitan que un médico les diga qué hacer en todo momento porque tienen miedo a equivocarse y porque son incapaces de asumir sus propias decisiones como educadores.
No me explayo más y os dejo reflexionar, parafraseando a Rosa Montero: "No confíes en los que tienen más respuestas que preguntas".
                                                                                      Isabelle Toussaint

jueves, 6 de febrero de 2014

resposta a un article moment dolorós



Desprès d’haver llegit el seu article a Noticies Tgna: Moment dolorós, em permeto d’intervenir.
Quan llegeixo que “els francesos han portat la tolerància al límit”, no estic d’acord.
Preciso que no sóc francesa, sinó belga. Comparteixo amb els nostres veïns la llengua i més coses, entre les quals la idea de liberté en l’àmbit privat.
Si els francesos, en la seva majoria, no consideren que la vida privada del seu president sigui rellevant, crec que és perquè saben que un home pot fer bé la seva tasca sent un espós infidel, per exemple. D’altra manera, ja no miraria les pel.licules de Woody Allen o Ingmar Bergman (menys encara les de Roman Polanski), o no apreciaria el talent de Tiger Wood al golf.
Em dirà que ells no són polítics, i que ser-ho suposa una responsabilitat. Totalment d’acord. Però crec que compta més la responsabilitat de governar amb ètica, de saber demanar perdó pels errors comesos, de no gastar diners públics en gresques ni bodes de filles i caceres, de no robar diners, de no fomentar la prostitució, de no declarar-se catòlics per desprès defensar les guerres, etc.  M’explico? Ja sé que també és del tot utòpic, per cert.
Crec que, si Hollande cau, serà per la seva mala gestió del seu país o per altres motius que els francesos ja deuen conèixer (tinc teories al respecte que no desenvoluparé aquí) però no pels seus secrets d’alcova, i em sembla bé. Si haguéssim de retirar el vot o simplement la confiança a tots els infidels de la terra, no parlaríem mai amb ningú!
Realment no sé si aquest home treballa bé o malament. Tampoc crec que l’affaire dismimueixi necessàriament la capacitat de treball del president però, si fos el cas, Mas o Rajoy deuen tenir vint amants alhora per gestionar tan malament els respectius governs.
No justifico n’Hollande: mentir a la seva parella és prou lamentable però hauria de ser ella que li llencés, en privat, les (merescudes) casseroles al cap.
Semblaré l’advocat del diable però, si ens fixem en conceptes (bonics i fonamentals)  com Liberté, Égalité, Fraternité, afegiré que els francesos han escollit com a president (i aixó és totalment nou) un home que mai s’havia casat perquè no creu en el matrimoni ni en cap contracte civil o compromís de fidelitat. També han escollit (i això no és tan nou!) un home que, segons diuen, havia tingut aventures amb altres dones, tot i que vivia amb la Segolène Royal, la mare dels seus fills. O sigui que no hi ha sorpresa, l’home segueix en la seva línia i la gent ja ho sabia... No és que els francesos hagin portat la tolerància al límit, és que, senzillament, no són hipòcrites!
Com diu Enric Alfonso en el mateix número de Noticies Tgna: “L’avaluació d’un polític no s’hauria de fonamentar en la simple extrapolació al terreny públic dels seus afers més intíms (... ) No fer-ho així, no només és injust, sinó que anul.la el dret de qualsevol persona a presentar-se a un carrec de responsabilitat”.
Em ve al cap una endevinalla que preguntava quin governant esculliríem: si un que s’aixecava a les sis del matí, treballava dotze hores al dia, no bevia alcohol ni fumava, i no tenia amants, o bé un adicte a l’opi, que s’aixecava a les onze... Tothom, jo incluida, escollia el primer, és clar, però desprès de descobrir que aquest meravellós polític era l’Adolf Hitler i el segon, el Winston Churchill, vaig fer un pensament.